Tendencias de interiorismo: pintar de blanco

Las modas en decoración van y vienen, como no puede ser de otra manera. Si hace diez años o así causaban furor los colores distintos en cada habitación y muchas personas adoraban las técnicas decorativas (esponjados, estucos o falsos estucos, estarcidos...), actualmente esas tendencias están en franco retroceso. Si echamos un vistazo a las revistas de decoración, veremos que las paredes blancas son lo que más se lleva. Es algo normal si tenemos en cuenta que el metro cuadrado de las viviendas está cada vez más caro, y por consiguiente las casas son cada vez más pequeñas. Así que se impone el color blanco para dar amplitud y luminosidad a las estancias.

Pero hay que andarse con cuidado; hay marcas de pintura que disponen de hasta ¡150 tonos de blanco!, y corremos el riesgo de volvernos locos al escoger. Un consejo muy práctico es no pintar nunca las paredes de blanco puro; es un color demasiado luminoso que bajo determinadas luces puede volverse incluso agresivo. Además, no envejece bien: se ensucia y amarillea. Los tonos egg shell (cáscara de huevo) y los blancos rotos son mucho más elegantes y fáciles de emplear. Pintar también las carpinterías (puertas, ventanas y rodapiés) de blanco hará que la casa parezca más iluminada y estilosa.


Los techos siempre deben pintarse de blanco,
independientemente del color de las paredes. Los colores oscuros o intensos en techos causan sensación de agobio, como si el techo se nos viniera encima. Si a pesar de todo, amamos el color y queremos que forme parte de nuestras viviendas (independientemente de las modas y tendencias), siempre podemos pintar una pared de un color que nos guste y dejar el resto en blanco. Una solución original y muy decorativa.

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